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¿QUIÉN ES JESÚS? (página 9)

Por Anthony F. Buzzard M.A. (Oxon)

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     Como el segundo Moisés, el Mesías se levantará en Israel (Deuteronomio 18:18), derivando su filiación divina a un nacimiento sobrenatural de una virgen (Isaías 7:14; Lucas 1:35), y siendo confirmado como Hijo de Dios a través de su resurrección de los muertos (Romanos 1:14). Como Sumo sacerdote, el Mesías sirve ahora a su pueblo desde el cielo (Hebreos (:1) y espera el tiempo de la restauración de  todas las cosas (Hechos 3:21), cuando él sea destinado a ser reintroducido a la tierra como Rey de Reyes, la figura divina del Salmo 45 (Hebreos 1: 6-8). En aquel tiempo, en la nueva era del Reino, él regirá con sus discípulos (Mateo 19:28, Lucas 22:28-30; 1 Corintios 6:2; 2 Timoteo 2:12; Revelación 2:26, 3:21; Revelación 20:4). Como Adán encabeza la creación original de los seres humanos en la tierra, así Jesús es la cabeza creadora del Nuevo Orden de la humanidad, en quien los ideales de la raza humana se cumplirán (Hebreos 2: 7).

Dentro de este marco Mesiánico, la persona y obra de Jesús pueden ser explicadas en términos comprendidos por los apóstoles. El propósito de ellos aún cuando presenten la más “avanzada Cristología” es proclamar la creencia en Jesús como Mesías e Hijo de Dios ( Juan 20:31), quien es el centro de todo el propósito de Dios en la  historia (Juan 1:14). Sin embargo, Jesús está obviamente coordinado en una muy íntima manera con su Padre, este último permanece como “el único Dios verdadero” del monoteísmo bíblico (Juan 17:3). Jesús así representa la presencia del único Dios, su Padre. En el hombre Jesús, Emmanuel, el único Dios está presente con nosotros (Juan 14:9). [22]

De Hijo de Dios a Dios el Hijo

Hemos buscado el Jesús de la Biblia por medio de reunir las varias hebras de los datos revelados en los registros inspirados. La figura que emerge es diferente de la figura presentada por el Cristianismo tradicional en la que la persona de Cristo que hemos descrito no complica el primer principio de la fe bíblica, a saber, creer en uno quien sólo es verdadera y absolutamente Dios (Juan 17:3;  5:44).

Es fácil ver como el  Mesías bíblico vino a ser “Dios el Hijo” de los teólogos post-bíblicos. Eso fue posible solamente cuando el mesianismo esencial de la Biblia fue gradualmente suprimido. El término “Hijo de Dios,” que en la Escritura es un título puramente mesiánico que describe la gloria del hombre en relación íntima con el Padre, fue desde el segundo siglo mal entendido y reaplicado a la parte divina de un eterno Dios / hombre. Al mismo tiempo, la designación”Hijo del Hombre”, nada menos que un título del Mesías como hombre representante, fue hecha para referirse a su naturaleza humana. De este modo ambos títulos, hijo de Dios e Hijo del Hombre fueron desalojados de su sentido Mesiánico y sus significados bíblicos se perdieron. Mientras que la evidencia del Antiguo Testamento fue ampliamente rechazada- así como la evidencia de los Evangelios Sinópticos, Hechos, Pedro, Santiago, y Juan en el Libro de Revelación—una serie de versículos en el Evangelio de Juan y dos o tres en las Epístolas de Pablo fueron reinterpretados para acomodar la nueva idea de que Jesús era el segundo miembro de una trinidad eterna, co-igual e inherentemente Dios. Ese Jesús, sin embargo, es escasamente el Jesús de los documentos bíblicos. Él es el otro Jesús (2 Corintios 11:4).

El Hombre y el Mensaje Obscurecidos

Con la pérdida del significado bíblico del término Mesías prosiguió una pérdida paralela del significado del reino Mesiánico el cual es el centro de toda la enseñanza de Jesús y el corazón del evangelio (Lucas 4:43; Hechos 8:12;28:23,31). La esperanza  para el establecimiento del reino del Mesías en una tierra renovada, que es el tema de toda la profecía del antiguo Testamento que Jesús vino a confirmar (Romanos 15:8), fue reemplazada por la esperanza del “cielo para cuando tú mueras”; y una gran porción de propaganda convenció (y continúa convenciendo) a un público ignorante de que Jesús nunca creyó en nada tan “terreno”, político, o “no espiritual” como el Reino de Dios en la tierra. El resultado de los cambios radicales que gradualmente trastocaron las perspectivas de la iglesia (comenzando tan temprano como el siglo segundo) ha sido una pérdida del mensaje central de Jesús-el evangelio acerca del Reino de Dios (Lucas 4:43; Hechos 8:12; 28:23,30,31)- así como un mal entendimiento acerca de quién es él. Las iglesias se les ha dejado en algunos apremios explicando cómo por un lado Jesús era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías, mientras que se supone que han rechazado al mismo tiempo las promesas del Antiguo Testamento de que el Mesías viene a gobernar la tierra! La teoría adelantada usualmente es que Jesús mantuvo el Antiguo Testamento en tanto que enseñara un ideal ético de amor, pero que rechazó la visión del profeta de una intervención catastrófica divina en la historia que conduciría a una renovación de la sociedad en la tierra bajo el Reino de Dios.[23] En pocas palabras, se supone que Jesús ha afirmado ser el Mesías, pero al mismo tiempo ha eliminado toda esperanza para la restauración de la teocracia que sus antepasados anhelaron.

No hay duda del todo de que los fieles en Israel estaban realmente mirando hacia delante al arribo del Mesías para gobernar en la tierra, pero Jesús, como ha sido largamente sostenido, se separo de tales “crudas” expectativas.[24] La cuestión en cuanto al porqué los Judíos esperaban un concreto imperio Mesiánico en la tierra es evitada silenciosamente. Si fuera cuestionada, la respuesta hubiera tenido que ser obviamente que las Escrituras del Antiguo Testamento lo predijeron en cada detalle.

Las iglesias van a tener que llegar a la comprensión de que ellas no están jugando limpio con la Biblia permitiendo sólo el primer acto del drama divino- la parte que concierne al sufriente y moribundo Mesías-en tanto que descartan el segundo acto. El futuro arribo del Mesías como Rey triunfante, el enviado de Dios para crear una efectiva y duradera paz en la tierra. La resurrección y ascensión de Jesús y su presente sesión al lado derecho del Padre son sólo parte del triunfo del Hijo de Dios, como lo entiende el Nuevo Testamento.

Un serio y fundamental error refuerza las formas tradicionales del pensamiento acerca del rol de Jesús en la historia. Este tiene que ver con la función política-teocrática del Mesías que es el principal ingrediente del Mesianismo. Hasta ahora, se ha hecho todo el esfuerzo para sostener la creencia, contraria a las declaraciones más sencillas de la Escritura, que las promesas de Jesús a la iglesia de gobernar con él en el futuro Reino Mesiánico (Mateo 19:28; Lucas 22:28-30) deben ser aplicadas a la presente era. Lo que continúa siendo pasado por alto es que será “cuando Cristo venga en su gloria” al final de la edad presente (Mateo 25:31), “en la nueva era cuando tome su oficio de Rey” (Mateo 19:28), que la iglesia reinará con él. Para que no debiera haber duda en lo más mínimo, el coro de seres divinos cantan acerca de la iglesia, “y nos has redimido de toda nación, y nos  has hecho para Dios reyes y sacerdotes destinados a reinar en la tierra” (Apocalipsis 5:10). El Mesianismo puro del Salmo 2 permanece tan fuerte como siempre en Apocalipsis 2:26 y 3:21, y estas son las muy propias palabras de Jesús a la iglesia (Apocalipsis 1:1; 22:16). El Jesús de las Escrituras no es otro que el Mesías de la profecía del Antiguo Testamento y la literatura apocalíptica.

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[22]-Juan 20:28 describe y nombra a Jesús como “Mi señor y Mi Dios”. Ambos títulos son atribuidos al Mesías en el antiguo testamento (Salmo 45:6,11; 110:1).Todo el propósito es presentar a Jesús como el Mesías (Juan 20:31).

[23]-Jesús nunca negó que la teocracia predilecta sería un día establecida por él como Mesías. La pérdida de la verdad del futuro Reino Mesiánico envolvió también la pérdida del futuro co-reinado de Jesús y la iglesia fiel. Así el objetivo del Cristianismo desapareció.

[24]-Hallado tanto en los salmos de Salomón como en el Salmo 2 del antiguo Testamento, etc.

 

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