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¿QUIÉN ES JESÚS? (página 3)

Por Anthony F. Buzzard M.A. (Oxon)

   

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Aún el frecuentemente citado texto de Miqueas 5:2 acerca de los orígenes del Mesías no requiere de ningún tipo de preexistencia eterna literal. En el mismo libro una expresión similar fecha las promesas hechas a Jacob desde “tiempos antiguos” (Miqueas 7:20). Ciertamente las promesas del Mesías fueron dadas desde tiempos tempranos en la historia del hombre (Génesis 3:15: cp. Génesis 49:10; Números 24:17-19).

El Hijo de Dios

La fuente de la muy prolongada confusión acerca de la identidad de Jesús es la suposición extraída de años de pensamiento tradicional de que el título “Hijo de Dios” debe significar en las Escrituras un ser no creado, el miembro de una Divinidad. Esa noción no tiene ninguna posibilidad de ser encontrada en las Escrituras. Es un testimonio al poder del adoctrinamiento teológico que hace que esta idea subsista tan tercamente. En la Biblia “Hijo de Dios” es una alternativa y virtualmente un título sinónimo para el Mesías. Así Juan dedica su evangelio completo a un tema dominante, que creamos y comprendamos que “Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios” (Juan 20:31). La base para igualar estos títulos se encuentra en un pasaje favorito del Antiguo Testamento en el Salmo 2:

“Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido” a quien ha puesto como Rey de Jerusalén (v.6) y de quién él dice: “Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (v.7,8). Jesús no vacila en aplicar todo el Salmo a su persona, y lo ve como una predicción de su futura gobernación y de sus seguidores sobre las naciones (Apocalipsis 2:26,27).[6]

Pedro hace la misma ecuación de Mesías e Hijo de Dios, cuando por revelación divina afirma su creencia en Jesús: “Tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).
El sumo sacerdote le pregunta a Jesús:

“Eres tú el Cristo (Mesías), el Hijo del Bendito?” (Marcos 14:61).

Natanael comprende que el Hijo de Dios no es otro que el Rey de Israel (Juan 1:49), el Mesías (v. 41), “aquel de quien Moisés escribió en la ley y también en los profetas” (v.45; cp. Deuteronomio 18:15-18).
El título “Hijo de Dios” es aplicado también en la Escritura a los ángeles (Job 1:6; 2:1; 38:7; Génesis 6:2,4; Salmo 29:1; 89:6; Daniel 3:25), a Adán (Lucas 3:38), a la nación de Israel (Éxodo 4:22); a los reyes de Israel como representando a Dios, y en el Nuevo Testamento a los Cristianos (Juan 1:12).  En vano buscaremos para hallar alguna aplicación de este título a un ser no creado, un miembro de la eterna Divinidad. Esta concepto está simplemente ausente de la idea bíblica de la filiación divina.

Lucas sabe muy bien que la filiación divina de Jesús se deriva de su concepción en el vientre de una virgen; él no sabe nada del todo sobre algún origen eterno:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá (María) con su sombra; por lo cual también el santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

El Salmista ha atribuido la filiación Mesiánica a un momento definitivo de tiempo—“hoy” (Salmo 2:7)-en la ocasión de su nombramiento para la dominación del mundo. Pablo encuentra una aplicación adicional del Salmo 2 en la resurrección de Jesús (Romanos 1:4).

Aquí están claramente expuestas por las Escrituras las ideas bíblicas de la filiación de Jesús, las cuales Jesús reconoció como la Palabra de Dios. Esta filiación debe ser fechada desde la concepción de Jesús, su resurrección, o desde su nombramiento para ser Rey.  La opinión de Lucas sobre su filiación concuerda exactamente con la esperanza en el nacimiento del Mesías de una mujer, una descendiente de Adán, Abraham, y David (Mateo 1.1; Lucas 3:38). Los textos que hemos examinado no contienen información de una preexistencia personal del Hijo en la eternidad.

El Hijo del Hombre, El Señor a la Diestra de Dios

El título “Hijo del Hombre” fue usado frecuentemente por Jesús para referirse a sí mismo. Como “Hijo de Dios”, él está estrechamente asociado con su Mesianismo; tanto que cuando Jesús afirmó solemnemente que él es el Mesías, el Hijo de Dios, agrega en el mismo momento que el sumo sacerdote vería “el Hijo del Hombre” sentado a la diestra del poder y viniendo con las nubes del cielo” (Marcos 14:61,62). El título “Hijo de Hombre” está más plenamente descrito en Daniel 7:13,14, donde una figura humana (“un Hijo de Hombre”) recibe el derecho para el dominio mundial del Padre. El paralelo con Salmo 2 es obvio, así como la conexión estrecha con el Salmo 110, donde David se refiere a su “Señor” (El Mesías) que se sentará a la diestra (del Padre) hasta que tome su oficio como gobernador mundial y “reine en medio de sus enemigos” (Salmo 110:2; cp. Mateo 22:42-45). El Hijo del Hombre tiene igualmente una clara conexión Mesiánica en el Salmo 80:17: “Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el Hijo del Hombre que para ti afirmaste”.

Es significativo que los escritores del Nuevo Testamento pongan muchísimo énfasis en el Salmo 110, citándolo unas 18 veces y aplicándolo a Jesús, quien había sido exaltado por aquel tiempo como Señor Mesiánico a la inmortalidad a la mano derecha del Padre exactamente como el Salmista lo previó. Nuevamente debemos reconocer que la eterna filiación es ajena a todos los títulos descriptivos del Mesías. Estos hechos alarmantes deberían conducir a los estudiantes de la Biblia de todas partes a comparar lo que se les ha enseñado acerca de Jesús con el Jesús presentado por la Escritura. Parecería que un hijo eterno no haría juego con la cuenta bíblica del Mesías. Al optar por un Jesús que es un ser eterno que pasa a través de una vida temporal en la tierra, muchos parecen, por así decirlo, haber “obtenido el hombre equivocado”.

 

_________________________

[6] Una debilidad de la mayoría de los sistemas teológicos es la negativa de ver en las afirmaciones atribuidas a Jesús en Revelación las mismas palabras del Maestro. Cuando la Cristología de la Revelación es dejada de lado, las pretensiones de Jesús en el libro (1:1) son negadas y resultan en una distorsionada Cristología.


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